Sobre la empatía, el altruismo y la sociedad moderna

Lo que no es bueno para la colmena, no es bueno para la abeja.  -Marco Aurelio

Uno de los conceptos que manejaban los estoicos es el de sympátheia, con el cual hacen referencia a la capacidad de sentir afinidad hacia el resto de personas o el de percibir los problemas de otra persona de manera similar a que si fueran propios, algo muy parecido al concepto moderno de empatía.

Se apela mucho al concepto del cosmopolitismo, una suerte de heredero moderno de la sympátheia clásica, aunque creo que en estos tiempos el cosmopolitismo se ha convertido más bien en una degeneración mediante la cual mucha gente aspira a sentirse en cierto modo superior a los demás.

Me gusta pensar en la sympátheia como una suerte de empatía real, entre personas que se reconocen como iguales y corresponsables entre si, una generosidad auténtica que nace de uno mismo y que la propia persona se siente obligada a satisfacer porque sabe que el día de mañana esa ayuda o empatía que da puede ser devuelta cuando le haga falta.

Creo que en los tiempos modernos este concepto se ha ido perdiendo y diluyendo; la gente siempre quiere ser generosa y altruista, pero pocos actúan de primera mano. Siempre confían en que sea otro el que se manche las manos, a saber, una ONG, el Estado, la comunidad de vecinos, el dirigente del sindicato... Creo firmemente que al concepto original de la sympátheia ha de ir ligado un férreo sentimiento de responsabilidad individual, un autoconvencimiento de que "la cosa va en serio" y que no se puede pretender delegar nuestra supuesta generosidad en un tercer ente. Eso no es solidaridad, ni sympátheia, eso es engañarse uno mismo.

Sobretodo en una época donde el aspecto público de nuestras vidas tiene tanto impacto en la autopercepción y el estado de ánimo de cada uno, donde es de importancia capital no solo ser si no incluso más importante aún aparentar ser (como decían los Romanos, "la mujer del Cesar no solo debe serlo, si no parecerlo") entristece ver como la gran mayoría del respetable siempre tiene en la boca palabras de solidaridad y de buenas intenciones pero a la hora de la verdad, que cada palo aguante su vela.

Esto no es si no otra muestra más de la (en mi opinión) pérdida de valores por parte del grueso de la sociedad, que se escuda y elude sus responsabilidades como abeja para con la colmena siempre detrás de alguna falsa deidad que hará el trabajo por ellos; ¿Para qué está la iglesia? ¿Para que está el Estado? ¿Para qué está la asociación de vecinos? Cualquier iniciativa netamente individual, auténtica, sincera y real parece descartada de inmediato.

Con esto que digo no pretendo defender la idea de que uno deba dedicarse por entero a los demás y abandonarse a uno mismo. La meta debería ser siempre procurar el bienestar propio, pero este nunca debería ser conseguido aprovechándose o haciendo mal a los demás, y tampoco debería ser un fin para humillar o desprestigiar a los demás; y que cuando sea posible ayudar al vecino, se haga de manera sincera y responsable, sin tonterías positivistas ni cánticos religiosos de ningún tipo.

Existen muchos colectivos en la sociedad moderna, si, muchos grupúsculos sociales, pero eso no es una colmena, las abejas no dividen su colmena en sub-regiones que han de apañarse entre ellas y "ya llegará el apicultor a cuidar que la colmena entera no se venga abajo". En el momento en que la gente vaya recobrando el concepto original de la sympátheia y deje de creerse que solo existe su subgrupo particular de la sociedad y el resto que se apañe, o que un ente divino podrá resolverlo todo por ellos como por arte de magia, creo que se apreciaría una notable mejora en las relaciones que suceden en la sociedad, en lugar de tener una ensalada de intereses cruzados que solo buscan beneficiar a grupos de presión que saben jugar sus cartas mejor que otros tantos y que solo nos lleva a un mundo de tensiones y resentimientos.

Gabriel Ferreiro

Gabriel Ferreiro

Madrid, Spain